«Voy pensando que un libro nace de una insatisfacción, de un vacío, cuyos perímetros van revelándose en el transcurso y final del trabajo. Seguramente escribirlo es llenar ese vacío», confiesa mientras camina por Praga el narrador de Café Kubista, el cuento que sirve de entrada a Exploradores del abismo. Como él, los protagonistas de estas historias sutilmente conectadas son personas corrientes cuya actitud ante el mundo es la de un equilibrista sobre su hilo: avanzar por el precipicio y convertir lo desconocido en su única meta.
Publicado originalmente en 2007, este libro inclasificable supuso el regreso de Enrique Vila-Matas a la narrativa breve tras un serio colapso físico que le llevó a asomarse tanto a su propio abismo como a explorar el posible más allá de su escritura. El resultado fue un conjunto de relatos breves que buscaban infiltrarse en la zona del ensayo literario.







